Deformidades dentofaciales: cuándo la ortodoncia sola no es suficiente

Las deformidades dentofaciales son alteraciones en el crecimiento y la posición de los maxilares que afectan tanto a la función oral (masticación, fonación, respiración) como a la estética facial.

En muchos casos, estas discrepancias esqueléticas superan lo que la ortodoncia puede corregir por sí sola, ya que el problema no reside únicamente en la posición de los dientes sino en el tamaño, la posición o la proporción de los propios huesos maxilares.

Identificar esta diferencia a tiempo es clave para evitar tratamientos prolongados con resultados limitados.

¿Qué diferencia una maloclusión dental de una deformidad dentofacial?

La maloclusión dental es una alteración en la posición o alineación de los dientes que, en la mayoría de los casos, puede corregirse exclusivamente con ortodoncia, moviendo los dientes dentro del hueso disponible hasta lograr una oclusión funcional y estética adecuada.

La deformidad dentofacial, en cambio, implica una discrepancia esquelética: el maxilar superior, la mandíbula, o ambos, tienen un tamaño, una posición o una proporción que se aparta de la normalidad, de forma que ningún movimiento dental, por sí solo, puede compensar esa discrepancia sin generar compromisos significativos en la función o en la estabilidad del resultado a largo plazo.

Esta distinción es fundamental porque determina si el tratamiento puede limitarse a la ortodoncia o si requiere un abordaje combinado con cirugía ortognática.

¿Cuáles son los tipos de deformidad dentofacial más frecuentes?

Las deformidades dentofaciales se clasifican según el patrón esquelético que las caracteriza.

El prognatismo mandibular (clase III esquelética) se caracteriza por una mandíbula excesivamente desarrollada, una posición avanzada de la misma, o ambas combinadas, lo que genera una mordida cruzada anterior y un perfil facial cóncavo.

La retrognatia mandibular (clase II esquelética) es la situación inversa: una mandíbula insuficientemente desarrollada o retruida, que produce un perfil convexo y, en los casos más severos, puede asociarse a dificultades respiratorias durante el sueño.

La hiperplasia o hipoplasia maxilar afecta al maxilar superior, generando un exceso o un defecto de desarrollo en sentido vertical, transversal o anteroposterior.

La asimetría facial, cuando el desarrollo de uno de los maxilares es diferente entre el lado derecho y el izquierdo, puede presentarse de forma aislada o combinada con cualquiera de los patrones anteriores.

¿Qué señales indican que el caso requiere algo más que ortodoncia?

Existen indicadores clínicos que permiten sospechar, incluso antes de un estudio cefalométrico completo, que un caso de maloclusión tiene un componente esquelético significativo. La discrepancia entre los maxilares es visible en el perfil facial en reposo, independientemente de la posición dental.

La mordida cruzada anterior o posterior es severa y no se explica únicamente por la inclinación de los dientes.

Existe una asimetría facial perceptible que no se debe a hábitos posturales. La función masticatoria está significativamente comprometida, con dificultad para morder con los dientes anteriores o para masticar de forma eficiente con los posteriores.

Y, en los casos de retrognatia mandibular severa, pueden coexistir síntomas de apnea obstructiva del sueño relacionados con la reducción del espacio de la vía aérea posterior.

La presencia de cualquiera de estos signos justifica una valoración conjunta de ortodoncista y cirujano maxilofacial antes de iniciar cualquier tratamiento.

¿Cómo se diagnostica una deformidad dentofacial?

El diagnóstico combina el análisis clínico facial, el estudio de los modelos dentales y un conjunto de pruebas de imagen específicas.

La radiografía cefalométrica lateral permite medir con precisión las relaciones esqueléticas entre el maxilar superior, la mandíbula y la base del cráneo, estableciendo el patrón esquelético exacto mediante un análisis cefalométrico estandarizado.

El CBCT (tomografía computada de haz cónico) aporta información tridimensional sobre la morfología ósea, la vía aérea y la posición condilar, cada vez más utilizada en la planificación de casos complejos.

El análisis fotográfico facial estandarizado complementa el estudio óseo con la valoración de las proporciones y la armonía facial en reposo y durante la sonrisa.

Este conjunto de datos permite al equipo determinar con objetividad si el caso es susceptible de tratamiento exclusivamente ortodóncico o requiere un abordaje combinado con cirugía ortognática.

¿En qué consiste el tratamiento combinado de ortodoncia y cirugía?

Cuando la discrepancia esquelética es significativa, el tratamiento se planifica en tres fases coordinadas entre ortodoncista y cirujano maxilofacial.

La fase de ortodoncia prequirúrgica (que suele durar entre doce y dieciocho meses) tiene como objetivo descompensar la posición de los dientes, es decir, alinearlos sobre su propio hueso maxilar sin intentar compensar la discrepancia esquelética con la inclinación dental, lo que paradójicamente puede hacer que la maloclusión visible empeore temporalmente durante esta fase, un fenómeno que debe explicarse con claridad al paciente desde el inicio.

La fase quirúrgica consiste en la cirugía ortognática, en la que el cirujano reposiciona los maxilares en la relación esquelética correcta mediante osteotomías planificadas con precisión milimétrica, frecuentemente con el apoyo de planificación virtual tridimensional.

La fase de ortodoncia postquirúrgica (de tres a seis meses adicionales) finaliza el acabado oclusal una vez que los maxilares están en su nueva posición.

¿A qué edad puede plantearse el tratamiento combinado?

El tratamiento combinado de ortodoncia y cirugía ortognática se plantea habitualmente una vez completado el crecimiento facial, ya que operar antes de ese momento conllevaría el riesgo de que el crecimiento residual modificara el resultado quirúrgico obtenido.

En mujeres, el crecimiento facial suele completarse en torno a los 15-16 años, mientras que en hombres puede extenderse hasta los 17-18 años, aunque existe variabilidad individual significativa que debe confirmarse mediante el seguimiento radiológico del crecimiento (típicamente con radiografías de mano-muñeca o cefalometrías seriadas).

En casos de deformidades muy severas que comprometen significativamente la función respiratoria o la calidad de vida del paciente, puede valorarse un abordaje quirúrgico más temprano en coordinación estrecha entre cirujano, ortodoncista y, en su caso, otorrinolaringólogo.

Si notas una discrepancia facial que la ortodoncia sola no parece poder corregir, una valoración conjunta de ortodoncia y cirugía maxilofacial te dará la claridad que necesitas antes de empezar cualquier tratamiento. En Clínica Belodonte podemos ayudarte, contáctanos.

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