La hepatitis es una inflamación del hígado que puede tener origen vírico, autoinmune, tóxico o metabólico. Sus manifestaciones no se limitan al sistema digestivo: la cavidad oral es uno de los territorios donde la enfermedad hepática deja señales clínicas relevantes, tanto por el impacto directo del virus sobre los tejidos orales como por las alteraciones sistémicas que genera.
Conocer estas manifestaciones permite al especialista actuar antes de que el diagnóstico hepático esté establecido, y al paciente ya diagnosticado, entender por qué su salud oral requiere un seguimiento específico. Desde Clínica Belodonte, expertos en Odontología conservadora en Barcelona, hablamos sobre ello.
¿Qué relación existe entre el hígado y la salud oral?
El hígado desempeña un papel central en la síntesis de proteínas de la coagulación, el metabolismo de fármacos, la regulación inmunitaria y la producción de bilis. Cuando su función se ve comprometida por una hepatitis crónica, estas alteraciones tienen repercusiones directas sobre la cavidad oral.
La reducción en la síntesis de factores de coagulación aumenta el riesgo de sangrado ante cualquier procedimiento invasivo, incluidas las extracciones dentales. La inmunosupresión asociada facilita la aparición de infecciones oportunistas en la mucosa oral. Y la acumulación de bilirrubina puede provocar cambios de coloración en los tejidos orales, incluyendo una pigmentación amarillenta de la mucosa que refleja la ictericia sistémica.
¿Qué manifestaciones orales produce la hepatitis vírica?
Las hepatitis víricas, especialmente la hepatitis C crónica, se asocian a manifestaciones orales específicas y bien documentadas. La más relevante es el liquen plano oral (LPO), una enfermedad inflamatoria crónica de la mucosa que aparece en forma de lesiones blanquecinas reticulares, erosiones o úlceras dolorosas en la cara interna de las mejillas, la lengua y las encías.
Diversos estudios señalan que entre el 20% y el 40% de los pacientes con hepatitis C presentan liquen plano oral, una prevalencia significativamente superior a la de la población general. También se ha descrito una mayor incidencia de síndrome de Sjögren secundario (caracterizado por sequedad bucal severa y ojos secos) en pacientes con hepatitis C, así como una asociación con el carcinoma de células escamosas oral en casos de larga evolución con LPO erosivo.
¿Qué precauciones debe tomar el dentista ante un paciente con hepatitis?
El manejo odontológico del paciente con hepatitis requiere una serie de consideraciones específicas que afectan tanto a la seguridad del paciente como a la del equipo clínico.
Antes de cualquier procedimiento invasivo, es imprescindible conocer el estado serológico del paciente, la función hepática actual (mediante la revisión de la analítica reciente, incluyendo transaminasas, tiempo de protrombina y recuento plaquetario) y el tratamiento antiviral en curso, ya que algunos antivirales de acción directa interaccionan con fármacos de uso habitual en odontología como los anestésicos locales con vasoconstrictores o los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).
La hepatitis B y C son enfermedades de transmisión sanguínea, por lo que los protocolos de control de infección estándar en cualquier consulta dental son suficientes para proteger al equipo clínico cuando se aplican de forma rigurosa.
¿Cómo afecta la cirrosis hepática a la salud oral?
La cirrosis es la fase avanzada de la enfermedad hepática crónica y su impacto sobre la salud oral es especialmente significativo. La trombocitopenia (reducción del número de plaquetas) y el déficit de factores de coagulación aumentan de forma considerable el riesgo hemorrágico ante cualquier intervención oral.
La encefalopatía hepática puede alterar la higiene oral del paciente y favorecer la acumulación de placa bacteriana. La xerostomía (sequedad bucal) es frecuente en estos pacientes, tanto por la propia enfermedad como por el efecto secundario de algunos fármacos. Y la mayor susceptibilidad a infecciones oportunistas, como la candidiasis oral, requiere un seguimiento mucoso activo y tratamiento antifúngico preventivo en determinados casos.
En Clínica Belodonte el protocolo de atención a pacientes con enfermedad hepática incluye la coordinación con el hepatólogo antes de cualquier procedimiento quirúrgico oral.
¿Puede la salud oral influir en la evolución de la hepatitis?
La relación entre salud oral y hepatitis no es unidireccional. Existe evidencia creciente que sugiere que la enfermedad periodontal puede actuar como factor modulador de la inflamación sistémica en pacientes con hepatitis crónica, agravando el daño hepático a través de la liberación continua de mediadores inflamatorios al torrente sanguíneo.
Un estudio publicado en el Journal of Clinical Periodontology señala que los pacientes con hepatitis C y periodontitis grave presentan niveles más elevados de marcadores de fibrosis hepática que aquellos con una salud periodontal conservada. Este hallazgo refuerza la necesidad de incluir el control periodontal activo como parte del abordaje integral del paciente hepático.
¿Qué revisiones orales necesita un paciente con hepatitis?
Los pacientes con hepatitis crónica, independientemente de su etiología, se benefician de revisiones orales más frecuentes que la población general: cada seis meses como mínimo, y trimestrales en fases de mayor inmunosupresión o durante el tratamiento antiviral. Estas revisiones deben incluir una exploración sistemática de la mucosa oral en busca de lesiones compatibles con liquen plano, candidiasis o leucoplasia, además del control de la salud periodontal y la evaluación del riesgo hemorrágico antes de cualquier procedimiento invasivo. La comunicación fluida entre el especialista en medicina oral o cirugía maxilofacial y el hepatólogo es imprescindible para garantizar un abordaje seguro y eficaz.
Si tienes hepatitis crónica y no has comunicado tu diagnóstico a tu dentista o especialista oral, hazlo en tu próxima visita. Es información que cambia el protocolo de atención y protege tu seguridad.

