La traumatología facial engloba el diagnóstico y tratamiento de las fracturas que afectan a los huesos de la cara, siendo la mandíbula y el complejo cigomático-malar (los pómulos) dos de las localizaciones más frecuentes en la práctica clínica. Accidentes de tráfico, caídas, agresiones y traumatismos deportivos son las causas más habituales.
Conocer cómo se manifiestan estas fracturas y qué tratamiento requieren ayuda a entender por qué la valoración por un cirujano maxilofacial es siempre necesaria ante cualquier traumatismo facial significativo.
¿Cuáles son las causas más frecuentes de las fracturas faciales?
Los patrones de causalidad de las fracturas faciales varían según el contexto sociodemográfico y geográfico, aunque las series publicadas en España coinciden en señalar los accidentes de tráfico, las caídas accidentales, las agresiones interpersonales y los accidentes deportivos como las cuatro causas principales.
Los accidentes de tráfico, especialmente los que afectan a motociclistas y ciclistas, generan con frecuencia fracturas de alta energía con patrones complejos y múltiples.
Las caídas son la causa predominante en la población infantil y en personas mayores.
Las agresiones interpersonales se asocian con mayor frecuencia a fracturas mandibulares y del tercio medio facial en adultos jóvenes.
Y los traumatismos deportivos, especialmente en deportes de contacto como el fútbol, el baloncesto, las artes marciales o el ciclismo, representan una proporción creciente de los casos atendidos en los servicios de urgencias maxilofacial.
¿Cómo se manifiesta una fractura de mandíbula?
La mandíbula es el hueso facial que con mayor frecuencia se fractura, dada su posición prominente y su exposición a los impactos directos.
Los síntomas característicos incluyen dolor intenso localizado que se agrava con el movimiento mandibular, maloclusión de aparición súbita (el paciente nota que sus dientes ya no encajan como antes), dificultad o incapacidad para abrir y cerrar la boca con normalidad, hinchazón y hematoma en la zona afectada, y en fracturas que afectan al ángulo mandibular o al cuerpo, alteración de la sensibilidad en el labio inferior y el mentón por afectación del nervio dentario inferior.
Las fracturas del cóndilo mandibular (la parte de la mandíbula que articula con el cráneo) son especialmente frecuentes y pueden cursar con dolor preauricular, limitación de la apertura bucal y desviación de la mandíbula hacia el lado afectado al abrir la boca.
¿Qué características tiene una fractura del complejo cigomático-malar?
El hueso cigomático (el pómulo) y su unión con el resto del esqueleto facial forman el complejo cigomático-malar, una de las localizaciones más frecuentes de fractura tras un traumatismo facial de impacto lateral.
Los síntomas característicos incluyen el aplanamiento visible del pómulo (asimetría facial evidente al comparar ambos lados de la cara), la equimosis periorbitaria (hematoma alrededor del ojo) y subconjuntival, la limitación de la apertura bucal cuando la fractura afecta al arco cigomático y este comprime el músculo temporal o el proceso coronoides de la mandíbula, la alteración de la sensibilidad en la mejilla y el labio superior por afectación del nervio infraorbitario, y en los casos que afectan al suelo de la órbita, la diplopía (visión doble) por atrapamiento de los músculos extraoculares o el enoftalmos (hundimiento del globo ocular) cuando hay pérdida de volumen orbitario significativa.
¿Qué pruebas de imagen se utilizan para el diagnóstico?
El diagnóstico de las fracturas faciales se basa fundamentalmente en pruebas de imagen tras una exploración clínica detallada.
La tomografía computada (TC) facial con reconstrucción tridimensional es la prueba de elección en la mayoría de los traumatismos faciales significativos, ya que permite valorar con precisión la localización, el desplazamiento y la conminución (fragmentación) de la fractura, así como descartar lesiones asociadas en estructuras vecinas como la órbita, los senos paranasales o la base del cráneo.
La ortopantomografía (radiografía panorámica) sigue siendo útil en fracturas mandibulares aisladas de baja energía, especialmente para valorar la relación de la línea de fractura con las raíces dentales y el nervio dentario inferior.
En traumatismos faciales de alta energía, la valoración conjunta con otros especialistas (oftalmología, neurocirugía, otorrinolaringología) es frecuente, dada la proximidad anatómica de estas estructuras.
¿Cómo se tratan estas fracturas?
El tratamiento depende del tipo de fractura, su localización, el grado de desplazamiento y la edad y las necesidades funcionales del paciente.
Las fracturas mandibulares no desplazadas o mínimamente desplazadas pueden tratarse de forma conservadora con bloqueo intermaxilar (inmovilización de los maxilares mediante arcos y elásticos durante varias semanas) en casos seleccionados, aunque la tendencia actual favorece el tratamiento quirúrgico con osteosíntesis (placas y tornillos de titanio) que permite una recuperación funcional más rápida y una rehabilitación oral precoz.
Las fracturas del complejo cigomático-malar con desplazamiento significativo requieren reducción quirúrgica abierta y fijación interna con placas, frecuentemente a través de incisiones intraorales o periorbitarias que minimizan las cicatrices visibles.
Las fracturas que afectan al suelo de la órbita con atrapamiento muscular o pérdida significativa de volumen orbitario requieren reconstrucción con materiales específicos (mallas de titanio o materiales reabsorbibles) para restaurar la anatomía y prevenir secuelas visuales permanentes.
¿Qué secuelas pueden derivarse de un tratamiento tardío o inadecuado?
Las fracturas faciales no tratadas o tratadas de forma inadecuada pueden generar secuelas funcionales y estéticas significativas y, en muchos casos, de difícil corrección posterior.
La consolidación de una fractura mandibular en mala posición provoca maloclusión permanente que puede requerir cirugía ortognática correctiva compleja meses o años después.
Las fracturas orbitarias no tratadas a tiempo pueden generar diplopía permanente o enoftalmos de difícil corrección secundaria. Las fracturas del complejo cigomático no reducidas correctamente dejan asimetrías faciales permanentes.
Por este motivo, ante cualquier sospecha de fractura facial tras un traumatismo, la valoración por un cirujano maxilofacial en las primeras 24 a 48 horas es fundamental, ya que la mayoría de las técnicas de reducción y fijación obtienen mejores resultados cuanto antes se realizan, antes de que se inicie el proceso de consolidación en una posición incorrecta.
Si has sufrido un golpe facial con hinchazón, dolor persistente, cambios en la mordida o asimetría visible, no esperes a que el dolor remita por sí solo. Una fractura facial no tratada a tiempo puede dejar secuelas que sí son evitables con el diagnóstico adecuado. Contáctanos.

